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Plan Nacional de Desarrollo de Petro avanza pero no articula

Plan Nacional de Desarrollo de Petro avanza pero no articula

03/08/25.   A poco más de un año de dejar el poder, el gobierno del presidente Gustavo Petro llega a la recta final con su hoja de ruta, el Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026, mostrando un cumplimiento general del 58,23% y aunque algunas transformaciones estratégicas avanzan con relativa solidez, la realidad detrás de todo esto muestra un balance de tantas sombras como luces.

Una revisión profunda de este documento y los reportes del Departamento Nacional de Planeación, realizada por Portafolio, mostró que los resultados son desiguales y persisten rezagos en frentes clave como el ordenamiento territorial, el trabajo decente y la articulación entre lo nacional y lo local.

Los datos, con corte al 30 de junio de 2025, ofrecen un primer balance del Plan Nacional, que agrupa 228 indicadores sectoriales para monitorear el cumplimiento de los grandes objetivos del “Gobierno del Cambio” y en el papel, más de la mitad de las metas cuentan con avance significativo, pero la mirada técnica y política de expertos muestra que no basta con cumplir cifras si los pilares del desarrollo siguen sin coordinarse.

Faltan transformaciones estructurales
Lo primero que hay que decir es que el avance general del PND se construye sobre ocho ejes de transformación. De ellos, el de Seguridad humana y justicia social encabeza el ranking con un 64,69% de ejecución, seguido de Convergencia regional (60,89%), Transformación productiva e internacionalización (59,45%) y Derecho humano a la alimentación (59,02%).

En contraste, los mayores rezagos se concentran en áreas estratégicas como el Ordenamiento del territorio alrededor del agua y justicia ambiental, que apenas alcanza un 40,48% de avance, muy por debajo del promedio. También están por debajo del 55% las líneas de Paz total e integral (56,52%) y Actores diferenciales para el cambio (50,93%).

En cuanto al frente fiscal, Estabilidad macroeconómica muestra un cumplimiento del 59,23%, aunque con un universo reducido de solo tres indicadores. Este patrón evidencia una tendencia clara y es que las transformaciones orientadas a ampliar derechos sociales han sido más ejecutables que aquellas que requieren intervenciones estructurales de largo aliento y coordinación interinstitucional.

Por otra parte, una mirada más detallada por sector revela contrastes aún más marcados en los que según el gráfico oficial del DNP, los sectores de inteligencia (100%), defensa (95,5%), Cultura (79,3%), Comercio (79,09%), Deporte (75,54%) y Ciencia y tecnología (73,5%); lideran los mayores avances.

Entre tanto, Interior (32,05%), Presidencia (40,88%), Transporte (43,03%), Igualdad (45,1%), Estadísticas (45,9%) y Agricultura (49,25%); resaltan como los más quedados en cuanto a cumplimiento se trata. El sector Hacienda y Crédito Público muestra un avance medio, al igual que Educación, Salud e Inclusión Social, lo cual sugiere que los pilares del Estado social han tenido una ejecución dispareja.

Planeación sin dientes: la crítica desde dentro
Más allá de los porcentajes, la mirada de quienes estuvieron en la cocina del Plan revela fallas profundas. Jorge Iván González, quien fue el primer director del Departamento Nacional de Planeación en el gobierno Petro y participó en la redacción del documento, es claro al decir que “la planeación en Colombia tiene una dificultad estructural y es que no hemos podido crear una institucionalidad que logre mantener a través de los gobiernos proyectos de largo plazo”.

Según González, en el país no hay un ordenamiento institucional que obligue a los gobiernos siguientes a continuar inversiones estratégicas y añadió que “vamos cambiando con bastante flexibilidad e incluso irresponsabilidad de prioridades, y no hemos construido una institucionalidad que piense hacia adelante”.

Este vacío afecta directamente la ejecución de transformaciones como el ordenamiento territorial, que el propio Plan identifica como central; si se tiene en cuenta que propio González subraya que “uno quisiera que en Colombia hubiera una institución que le dijera a todos los municipios del Pacífico: mientras no tengan acueducto, no hay ningún otro recurso de inversión. Pero esa jerarquía no existe”.

La falta de articulación entre el nivel central y los entes territoriales es, para González, una de las grandes fallas estructurales, explicando que “pusimos como prioridad el ordenamiento alrededor del agua, lo cual obliga, entre otras cosas, a desarrollar plantas de tratamiento. Pero no hacemos nada si un alcalde decide que en lugar de acueducto va a hacer un coliseo”.

Ese dilema institucional, que arranca por la incapacidad de obligar a cumplir prioridades nacionales en lo local, se evidencia también en proyectos estratégicos como la planta de tratamiento Canoas, clave para descontaminar el río Bogotá, si se tiene presente “cuántos años llevamos luchando con la PTAR Canoas, o con municipios del Pacífico que siguen sin acueducto, siendo una de las zonas más pluviosas del mundo”, cuestionó el exdirector del DNP.

Así las cosas, este experto cerró diciendo que, partiendo de que el gobierno está preparando una Ley de Competencias que busca aclarar y distribuir funciones entre la Nación y los territorios; la propuesta, que aún se discute, debe entregar herramientas normativas para que los planes nacionales no dependan de la voluntad política local.

González advierte concretamente que la discusión corre el riesgo de desviarse, ya que “este debate se estaría viendo empañado por disputas entre sectores que buscan más dinero, dejando de lado lo fundamental” y que lo esencial, afirma, es establecer una autoridad institucional capaz de priorizar con lógica de país, y no de corto plazo.

En conjunto, el balance intermedio del Plan Nacional de Desarrollo revela una paradoja en la que hay avance técnico y cumplimiento parcial de metas, pero sin la estructura que garantice impacto real y duradero, es decir que el plan avanza, pero no articula; mientras que la desconexión entre el centro y las regiones, la fragilidad institucional para imponer prioridades, y los bajos resultados en sectores fundamentales plantean dudas sobre el legado del PND.

Teniendo en cuenta que queda un año para cerrar la agenda del “cambio”, no hay que pasar por alto que muchos territorios aún esperan que ese cambio llegue con agua potable, conectividad, justicia y equidad y que como dijo Jorge Iván González, “todavía hay oportunidad de hacer las cosas bien”, pero el reloj corre.

DANIEL HERNÁNDEZ NARANJO
Periodista de Portafolio

Fuente: https://www.portafolio.co

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